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En el mundo de los valores y filosofía humana, los hombres se han llegado a independizar de sus fuentes, que son las que los han llevado a los grandes descubrimientos, cultura y desarrollo del mismo. Una vez estaba un sabio sentado en un parque muy transitado por personas tanto de la región, como extranjeros.
Estaba allí charlando con un amigo, quien trabajaba ambulante en esa ciudad. Su trabajo consistía en vender frutas, y en especial: mangos y piñas. A este hombre siempre le agradaba compartir con este pensante, ya reconocido en la región y en las civilizaciones.
Un día cualquiera, se presentó un señor con un perfil de señorío y aparente poderío en las Escrituras. Al llegar lo saludó y como era en la época del coronavirus, guardó distancia. Empezaron a charlar después del saludo y les dijo: que qué les parecía a ellos el asunto que proclamaba la ciencia y que estaba en contra del Creador.
Y es que el hombre es un animal. El sabio sonriente le contestó diciéndole que por qué a él le parecía tan extraño esta aseveración de la ciencia, y que él quién era, en asuntos de conocimientos o estudios teológicos logrados.
Él contestó que él era un hijo de Dios. Y algunas personas se fueron acercando para escuchar el debate, porque enseguida el hombre llamó la atención. El analista le dijo: si tú eres hijo de Dios, ¿por qué desconoces la cultura de tu padre?
El hombre se quedó por instantes, pensativo. Dijo: vea señor, si usted me va a convencer de que yo soy un animal, ya estoy prevenido. Y esto no se lo creo. Le dijo el sabio: si la Biblia lo dice, ¿Qué diría usted?
Dijo: no, la Biblia no dice que yo soy un animal. Entonces a la gente le llamó más la atención este asunto, porque muchos de los que estaban allí, no habían escuchado tal desenlace de este concepto judío.
Y murmuraban entre ellos, diciendo: este hombre puede ser el que nos da la libertad sobre el conocimiento de si la Biblia, lo dice o no. Entre ellos mismos se llamaban la atención para que se escuchase la definición, y para saber con qué este analista le mostraría al personaje extranjero que llega a imponer lo que no conoce o lo que no sabe.
Que ha sido clásico en el mundo desde que se proyectó el volumen llamado Biblia o biblioteca. El sabio le dijo: debes mejorar primero la actitud en el área de valores, segundo en el trato, y tercero, en que ningún hombre tiene la verdad absoluta, ni mil años te alcanzarían para poseerla.
El hombre al verse rodeado decía: pero qué es esto que en esta ciudad, no creen que nosotros somos seres humanos y que nosotros debemos practicar este libro, y lo hacía con el volumen en la mano en alto.
El analista se acercó y le arrebató de sus manos, el volumen, lo cual causó mucha risa. Abriendo el libro con sus propias manos, le leyó lo siguiente: "Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias." (Eclesiastés 3: 18) versión Reina Valera 1960.
La familia de los Caro y sus descendientes, al ver y escuchar estas palabras, se dijeron: ¡cómo este hombre, reprende y hace caer en cuenta a los hijos de Dios.! ¡Acaso será la resurrección de José Eusebio Caro, en la literatura, que está con nosotros, y no lo podemos ver por su físico, pero por su inteligencia y sagacidad para las letras, nos estaría hablando él mismo.!
Dijo el sabio: yo se que pensáis vosotros sobre vuestros antepasados, sin embargo, quiero que tengan presente, que la sabiduría nunca pasará de moda en este mundo de las tecnologías y la cultura integrada. El extranjero se quedó mirando al filósofo y le dijo: tú cómo haces estas cosas que según entiendo en este momento, no le son reveladas a los hijos de los hombres, sino sólo a los hijos de Dios.
El filósofo le contestó: amigo es sencillo, te apuesto y escuchen bien que usted con mucho cariño y mucho respeto, no conoce el libro que tiene en sus manos, por la simple razón de que usted es una persona que no lee ni siquiera el rollo que está en sus manos, mucho menos las literaturas de ciencia y cultura general de la actualidad.
Sin embargo, usted puede compartir en familia y en sus medios tecnológicos esta experiencia que ha sido tan provechosa en esta plaza, donde nuestros padres se reunieron con propios y visitantes, para debatir algunas veces el tema del hombre animal.
Es decir que el hombre sin el conocimiento, es animal. Usted puede decir que es un caballo, un asno, un perro, una cucaracha o que es un dinosaurio. Pero queremos dejarle claro que el ser humano, en ningún momento es una bestia, es un ser superior a todos los seres de la naturaleza.
Lo que ha estado pasando en cuanto a discutir, si usted es un animal o yo soy otro animal, es metafórico, porque el ser humano no se debe comparar con los animales, por la sencilla razón de que somos una especie superior, pero con el compromiso de tener en cuenta, la naturaleza, e incluso con el compromiso de respetarle y amarle, pero en realidad las comparaciones aquí deben tenerse en cuenta, porque las bestias del campo suelen ser sin tacha.
Finalmente llegó a ese escenario un conjunto musical a alegrar el ambiente que ya estaba bastante encendido de alegría y se pusieron a bailar, y el filósofo invitó al hijo de Dios, a bailar entre la descendencia de los Caro, con una dama elegante. Y aceptó tal invitación, e incluso dio las gracias y se sintió como uno de ellos.
Los invito a visitar este video que se titula: CARRANGA Y VIDA, de una duración de: 3: 43, cuyo enlace es: https://www.youtube.com/watch?v=E-k-8iWRoCI
"Confusión y soberbia, he hallado en los hijos de los hombres"
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